Jesús Garza
La combinación de bajo crecimiento, déficit estructural, costo financiero creciente y presiones de Pemex configura un escenario fiscal que México no podrá sostener indefinidamente sin ajustes profundos.
México ya resolvió gran parte del problema de la estabilidad bancaria. El siguiente paso es construir un sistema financiero más competitivo, más diverso y con mayor capacidad para financiar inversión productiva.
México no está en bono basura, pero el mercado ya descuenta un riesgo creciente de que lo sea. El mercado, como siempre, se adelanta a las calificadoras.
Mientras la subida de tasas congela el mercado inmobiliario estadounidense, España emerge como uno de los destinos más estables y atractivos para invertir en real estate.
El déficit fiscal que ya afecta el crecimiento potencial de México se espera que siga limitado por la baja inversión y el alto costo financiero de la deuda.
En un mundo de tasas altas, México no puede depender del financiamiento barato externo; necesita productividad, infraestructura y disciplina fiscal.
La inversión en ciencia y tecnologÃa en México es muy pobre y la infraestructura digital es muy baja, corre el riesgo de quedar en atrapado en un crecimiento potencial entre 1% y 2% anual.
Las buenas noticias provienen del sector tecnológico relacionado con la IA que contrarrestará la desaceleración de la actividad económica mundial. México deberÃa apostarle a integrarse a ese sector para impulsar a su economÃa.Â
El Gobierno México está sacrificando la inversión pública en sectores estratégicos justo cuando la economÃa necesita más infraestructura, más energÃa y más capacidad logÃstica.
La economÃa mexicana se transformó gracias al TLCAN; ahora, la falta de claridad en la nueva etapa del acuerdo puede frenar esa evolución.
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