Jesús Garza

VISIÓN MACRO
Al otorgar créditos la banca no se guía por discursos, sino por riesgo. Y el riesgo en México está aumentando. Y cuando el crédito baja, el crecimiento baja con él.


Mientras el centralismo energético siga intacto, el nearshoring tendrá un techo. Y ese techo no lo pone el mercado: lo pone el gobierno federal.


La narrativa de que la relocalización de empresas es suficiente para blindar a la economía mexicana se desmorona frente a los datos. El sur sin obra pública se desinfla.


México necesita políticas regionales diferenciadas, no un modelo único dictado desde la capital. Un país competitivo necesita competencia entre regiones, no obediencia a un centro.


La liberalización no es un lujo ni un capricho ideológico. Es la única vía para que México deje atrás el estancamiento y construya una economía dinámica, competitiva y capaz de generar bienestar real.


En un mundo incierto, España se ha consolidado como un refugio patrimonial seguro, estable y global para el capital latinoamericano, especialmente en el sector inmobiliario.


Para revertir el estancamiento se requieren políticas públicas que impulsen la apertura de sectores estratégicos, fomenten la innovación tecnológica y fortalezcan la calidad educativa.


Las empresas que operan en México enfrentan un costo energético significativamente mayor al de Estados Unidos. El nearshoring exige energía barata, limpia y confiable, y México esta perdiendo en esta competencia.


Si México quiere aprovechar plenamente la oportunidad del nearshoring y elevar su crecimiento potencial, necesita un sistema financiero más competitivo, más accesible y orientado al financiamiento productivo. 


Para atacarlo, México debe fortalecer la competencia bancaria, desarrollar mercados de capital más profundos, mejorar la calidad del gasto público y elevar la productividad.


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